Esencia Viva empezó vendiendo perfumes entre conocidas, en Bogotá. Sin tienda, sin página, sin fotos. Solo el frasco, la persona y la pregunta de siempre: «¿y este cuál es?».
Se acabó el inventario dos veces. La segunda entendimos que ya no era un favor entre amigas: era una marca.
Son fragancias creadas en laboratorio, en Colombia, bajo nuestra propia marca. No son originales de ninguna casa de perfumería y no pretendemos que lo sean. Lo que ofrecemos es una fragancia que dura, en un frasco que se ve bien en la mesa, a un precio que no obliga a pensarlo dos veces.
Podríamos haber hecho tres tamaños y cinco diseños. Decidimos que no. El mismo vidrio de 100 ml para las doce, con su nombre y su número, y el mismo precio para todas.
Así elegir es rápido: no comparas tamaños, no calculas cuál sale mejor. Eliges el olor y ya.
Es lo que decimos desde el primer día, cuando todavía cabía todo en una caja.